Vida extraterrestre y la paradoja de Fermi explicada ¿Estamos sólos en el universo?

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Hola amantes del universo! En esta oportunidad vamos a hablar sobre la postura científica acerca de la posibilidad de que exista la vida extraterrestre y la paradoja de Fermi. Para ponerte en contexto, voy a utilizar algunos conceptos de estadística y de astrobiología. Esta última es hoy en día una de las ciencias más completas puesto que, a su vez, incluye muchísimas otras disciplinas, tales como la astronomía, la astrofísica, la biología, la geología y la meteorología, entre otras. Así que preparate, que se viene info de la buena.

 

Definamos lo que buscamos, la vida


Representación gráfica de LUCA, el ultimo ancestro comun y universal por sus siglas.
LUCA (Last Universal Common Ancestor o último ancestro común universal) Es el antepasado de toda forma de vida en la Tierra, cuya existencia data desde hace 3900 millones de años. Imagen generada mediante IA

 

Según la biología, la vida es toda estructura molecular compleja capaz de interactuar con el entorno para mantener y replicar su organización. Para que una estructura sea considerada viva, debe cumplir con cuatro procesos fundamentales: nacer -es decir, provenir de otro ser similar-, nutrirse -obtener energía del entorno para sostener sus funciones internas-, reproducirse -generar descendencia transmitiendo su información genética- y morir -cuando su estructura se deteriora al punto de no poder sostenerse-.

Así, por ejemplo, un virus no es considerado un ser vivo, ya que no cumple con todos estos criterios. Se trata de una cápsula de material genético que solo puede replicarse al invadir una célula. Como no se alimenta, no tiene metabolismo propio y no muere en el sentido biológico. Esto lo sitúa en una zona gris entre lo inerte y lo vivo. En cambio, una bacteria sí cumple con todos los procesos: tiene metabolismo, puede reproducirse y eventualmente muere, por lo que la consideramos un ser vivo.

 

En resumen, algo tiene vida cuando su estructura molecular responde a estímulos del medio, se nutre, se reproduce y, finalmente, muere.

 

¿Qué condiciones necesita la vida para desarrollarse, tal y como la conocemos?


El planeta Tierra es un punto azul pálido que es nuestro hogar, decía Sagan. En ese punto azul, las condiciones para la vida son favorables debido a que estamos lo suficientemente lejos del Sol. Allí, la radiación permite que el agua se encuentre en estado líquido y así pueda proliferar la vida. Además, es el único lugar con vida que conocemos. Por esto mismo, para buscar vida, los científicos se han propuesto limitar la búsqueda donde haya condiciones similares a las de nuestro punto azul pálido, para que la vida se desarrolle tal y como la conocemos en la Tierra. Dicho esto, para analizar la posibilidad de vida de un planeta se tienen en cuenta los siguientes parámetros.

 

Zona habitable


Esquema que ilustra las zonas de habitabilidad alrededor de las estrellas según la distancia entre el planeta y la estrella.
La zona verde es la zona habitable, y cuanto más masiva sea la estrella mas lejos se encuentra su zona habitable. Imagen generada mediante IA

 

Si un planeta se encuentra en esta zona quiere decir que, de tener agua, ésta se encontraría en estado líquido si se cumple que exista una atmósfera que la retenga. Esto está determinado por la relación entre la cantidad de energía emitida por la estrella a la que orbita el planeta en cuestión y la distancia a la que éste se encuentra. Además se ha podido demostrar que las temperaturas medias deben rondar entre -10ºC y 50ºC para que la vida, al menos la microbiana, pueda metabolizar. Por fuera de ese rango, los seres vivos no podrían realizar los procesos biológicos para desarrollar la vida.

 

Agua 


Se sabe que la vida tal y como la conocemos está hecha de moléculas de combinados de átomos de carbono. Éste tiene la particularidad, al igual que el silicio, de transmitir la información de un átomo de carbono a otro, por lo que entendemos que la vida podría ser posible con moléculas compuestas de alguna de las dos posibilidades.

La diferencia entre el carbono y el silicio es que tanto los hidrocarburos y como la materia orgánica, proliferan muchísimo mejor en medios acuosos, permitiendo enlaces complejos. El silicio, en cambio, se diluye en el agua. Al diluirse, no puede formar cadenas múltiples, necesarias para formar estructuras moleculares complejas que pudieran dar forma a un ser vivo. La vida que se busca en otros lugares del universo entonces, es a base de carbono y por ello es fundamental que haya agua líquida en el planeta en cuestión.

 

Atmósfera


Imagen ilustrativa de la atmósfera terrestre
La atmósfera de la Tierra es tan importante que sin ella la vida no sería posible. Imagen generada mediante IA

 

Es de suma importancia que exista una atmósfera, no sólo para tener algo que respirar, sino que también sirve como protección de la radiación de la estrella que se orbita, de los impactos de asteroides pequeños y medianos y por sobre todas las cosas para ejercer cierta presión sobre la superficie que impida que el agua no se escape del planeta en cuestión. De no existir suficiente presión atmosférica, el agua se encontraría en forma de hielo y se escaparía poco a poco mediante la sublimación, es decir, pasaría de estado sólido a gaseoso sin pasar por el estado líquido.

 

Masa planetaria


Este parámetro se expresa en relación a la masa de la Tierra. Para que un planeta pueda conservar una atmósfera estable —clave tanto como medio como protección para la vida— su masa no debe diferir demasiado de la terrestre. Si un planeta es mucho más masivo, por ejemplo, con el doble de la masa de la Tierra, su gravedad generaría presiones atmosféricas tan elevadas que podrían resultar incompatibles con formas de vida similares a la nuestra. Además, los cuerpos con tanta masa tienden a evolucionar en gigantes gaseosos, sin una superficie sólida definida. Por el contrario, si un planeta tiene muy poca masa —como Marte— su gravedad puede ser insuficiente para retener los gases que lo rodean desde su formación. En estos casos, el viento estelar podría dispersar fácilmente su atmósfera, dejándolo expuesto, sin una capa protectora ni medios adecuados para sustentar la vida.

 

Campo magnético


Imagen generada que ilustra una aurora boreal.
Las auroras polares prueban la existencia del campo magnético de la Tierra. Este desvía las partículas que vienen del Sol, y cuando friccionan con la atmósfera producen bellas luces. Imagen generada mediante IA

 

Aunque aún se investigan todos sus efectos, hay consenso en la comunidad científica sobre la importancia que tiene un campo magnético planetario. Es esencial para que la vida pueda desarrollarse y sostenerse. Su función es mucho más que técnica: actúa como un escudo natural que desvía partículas cargadas y vientos estelares, evitando que lleguen a la superficie con todo su potencial destructivo. En la Tierra, las auroras boreales y australes son una prueba visual de este fenómeno. Dichas luces danzantes se producen cuando el campo magnético redirige las partículas solares hacia los polos, donde interactúan, friccionan con la atmósfera y la hacen brillar. Además de ser un espectáculo fascinante, revelan la silenciosa protección que permite que la vida prospere bajo ese cielo iluminado sin ser castigada por la radiación solar.

 

Un poco de estadística


La Tierra para nosotros es nuestro hogar, es el lugar perfecto para vivir. Sin embargo, comparado con la complejidad del universo, es un planeta cualquiera más, en un sistema estelar cualquiera cuya estrella es una más del montón. Se encuentra en un brazo que nada tiene de especial en nuestra galaxia, la Vía Láctea, que a su vez es una galaxia más de un cúmulo de galaxias llamado Grupo Local. Dicho grupo a su vez, pertenece al cúmulo de Virgo, que junto con otros cúmulos galácticos conforman el supercúmulo de Laniakea, uno más de los tantos supercúmulos de nuestro universo observable, es decir todo aquello que podemos ver que existe.

 

Frank Drake elaboró una ecuación en la cuál dispuso gran cantidad de parámetros que determinaría con cuantas civilizaciones podríamos comunicarnos. Dado que muchos de esos parámetros no se conocen, decidí no hablar de dicha ecuación, aunque si a alguno le interesa, aquí esta el link de wikipedia que detalla un poco mejor los parámetros de su fórmula. Imagen generada mediante IA

 

Para comprender la enormidad del cosmos, vamos a aplicar un poco de estimaciones estadísticas. Para ello comenzamos en el orden inverso, es decir desde el universo observable hasta planetas, utilizando algunos parámetros de la ecuación de Drake sin entrar mucho en detalle debido a que varios de ellos son bastante especulativos o sólo están orientados a civilizaciones inteligentes.

Números irrefutables

Podemos decir que el universo observable tiene aproximadamente unos 96.000 millones de años luz de diámetro, dentro de los cuales hay distribuidas en forma de supercúmulos, y cúmulos galácticos, alrededor de 2 billones de galaxias. En cada galaxia, se estima un promedio de entre unas 100 mil a unas 400 mil millones de estrellas, aunque usaremos el número mínimo posible.

De las 100 mil millones de estrellas, del 5% al 20% de todas ellas, son estrellas del tipo solar, es decir, del tipo espectral G, con una masa y brillo muy similar. De éste dato, también usaremos el valor mínimo del 5%, lo cual equivale a 5 mil millones de estrellas como el sol por galaxia. A su vez, se cree que alrededor de entre una quinta y una décima parte de esas estrellas, presentan planetas de masa similar a la Tierra, orbitándola en la “zona habitable”. De ello, se deduce que por galaxia, hay alrededor de quinientas millones de planetas como la Tierra en su zona habitable. Suponiendo que sólo el 0,005% de esos planetas tenga vida, podemos inferir que hay alrededor de 2,5 millones de planetas con seres vivos por galaxia, sean o no sean vida inteligente.

La vida inteligente

Ahora bien, supongamos que la inteligencia es algo sumamente especial, y es que definitivamente lo es, pero hablando en términos estadísticos. Tomemos de nuevo el 0,00005% de planetas con supuestos seres vivos, que han desarrollado inteligencia y tecnología comunicativa, debería haber, al menos, 125 civilizaciones inteligentes, sólo en nuestra galaxia. Si lo pensamos, es un número altísimo de probabilidades, a tal punto que la galaxia debería estar llena de emisiones de comunicación y transito espacial, pero ésto no se pudo detectar aún, entonces…

 

 

Vida extraterrestre y la paradoja de Fermi: “¿Dónde está todo el mundo?”


Fotografía de Enrico Fermi en su puesto de trabajo como físico.
Enrico Fermi (1901-1954) Físico italiano nacionalizado estadounidense. Fue una de las personalidades mas influyentes del siglo XX, debido a sus aportes a la física cuántica, física nuclear, física de partículas y mecánica estadística. Fuente de la imagen en este link.

 

En el verano de 1950, Enrico Fermi, una eminencia de las ciencias físicas, estaba pasando el día junto a otros tres colegas, Edward Teller, Herbert York y Emil Konopinski y salió a colación en la conversación la posible existencia de civilizaciones extraterrestres presentes en nuestra galaxia. Fermi tenía muchísima facilidad para realizar estimaciones. Existen anécdotas sobre ellas muy divertidas, como cuánto cabello tiene un ser humano o cuántos afinadores de piano había en una ciudad. Por esto mismo, el físico se mostró muy entusiasmado con la pregunta. De hecho, llegó a un número similar al que llegamos anteriormente y hasta se planteó la posibilidad de que nos hubieran visitado tales civilizaciones. Para hacerlo, se basó en parámetros similares a los mencionados arriba mediante un cálculo mental y llegó a la misma conclusión, que a su vez le llevo a preguntarse: ¿Dónde esta todo el mundo?.

 

Interpretaciones sobre la existencia de vida extraterrestre y la paradoja de Fermi


De la pregunta anterior nace la famosa paradoja de Fermi, la cual podemos decir que es la ausencia de vida extraterrestre a pesar de las estadísticas, que indican que el universo debería rebosar de vida. Uno de los misterios que rodean a la vida extraterrestre y la paradoja de Fermi es la ausencia de señales claras. Si bien no existe una respuesta clara, hay dos corrientes de pensamiento sobre como intentar resolver la paradoja. Una de ellas se basa en lo que se denomina Principio antrópico y es llamada Tierra especial. La otra, basada en estudios cosmológicos y con una visión más alejada del pensamiento de que vivimos en un lugar especial y es la de la Tierra mediocre. Estas son completamente opuestas entre sí. Para entender de lo que hablamos voy a dar un pantallazo a ambas visiones.

 

La tierra especial


Uno de los argumentos más sugerentes para responder a la famosa paradoja de Fermi —la aparente contradicción entre la alta probabilidad de vida en el universo y la falta de evidencia de ella— es el principio antrópico, que propone que el universo tiene las condiciones justas para que seres como nosotros podamos observarlo.

Desde esta mirada, la Tierra no es un lugar común ni aleatorio, sino un escenario cuidadosamente equilibrado donde múltiples factores, extremadamente improbables por separado, se dieron de manera simultánea para permitir la existencia de vida tal como la conocemos.

 

Un universo calibrado para la vida


En primer lugar, las constantes fundamentales del universo parecen estar finamente ajustadas. Si la fuerza nuclear fuerte —una de las cuatro interacciones fundamentales— fuera apenas más débil, los átomos complejos no existirían: el hidrógeno sería el único elemento estable, y con eso, la química de la vida no tendría posibilidad de desarrollarse. Por el contrario, si fuera más intensa, las estrellas agotarían su combustible rápidamente, sin tiempo suficiente para que la vida evolucione.

 

Nuestra dirección cósmica, un lugar seguro


Otro argumento es nuestra ubicación privilegiada dentro de la galaxia. El Sistema Solar se encuentra en el brazo de Orión, una región relativamente estable de la Vía Láctea. Se encuentra alejada del bulbo galáctico, donde se concentran supernovas. Estas explosiones estelares, aunque necesarias para esparcir los elementos que nos componen, son extremadamente letales si ocurren cerca: su radiación en forma de rayos X y gamma podría destruir una atmósfera planetaria en un radio de hasta 200 años luz.

 

La Luna: una aliada improbable


Imagen generada para reflejar el impacto de Theia con la Tierra.
Simulación del impacto con otro planeta del tamaño de Marte que dio lugar a la formación de la Luna y a la inclinación de 23,5° del eje de rotación terrestre. Imagen generada mediante IA

Nuestro satélite natural, la Luna, también es inusual. Es demasiado grande en proporción al tamaño de la Tierra como para haber sido capturada por simple gravedad. La teoría más aceptada sugiere que se formó tras la colisión de la Tierra primitiva con un planeta del tamaño de Marte, conocido como Theia. Este evento habría inclinado el eje terrestre unos 23,5°, dando origen a las estaciones. Además, la Luna estabiliza esa inclinación y regula las mareas, fenómenos que desempeñaron un rol clave en la evolución de la vida.

 

Júpiter: Un escudo (o no…) con nombre propio


Ilustración de Júpiter capturando un cometa
Júpiter ha sido históricamente considerado un “escudo gravitacional” del Sistema Solar, capaz de desviar o absorber cometas y asteroides que podrían amenazar a la Tierra. Sin embargo, estudios recientes sugieren que su influencia también puede ser ambigua: al perturbar órbitas en ciertas regiones, como el cinturón de asteroides, puede enviar objetos directamente hacia nuestra órbita. Protector y, a la vez, potencial catalizador del caos. Imagen generada mediante IA

No podemos dejar de mencionar a Júpiter, nuestro gigante gaseoso. Su inmensa gravedad ha desviado o absorbido incontables cometas y asteroides que podrían haber impactado contra la Tierra, según los defensores de esta corriente, su efecto protector es innegable. Sin embargo, estudios recientes sugieren que también puede redirigir cuerpos hacia el sistema interior, por lo que esta suposición debe tomarse con pinzas. 

 

Y si sumamos…


A esto se suma que estamos a la distancia justa del Sol para que el agua pueda mantenerse en estado líquido. Nuestra estrella es relativamente estable y longeva, y que nuestro planeta posee un campo magnético que nos protege de partículas solares peligrosas. Cada uno de estos factores podría haber sido diferente… y sin embargo, no lo fue.

 

¿Casualidad o causalidad?

El principio antrópico se presenta en dos versiones.

  • El principio antrópico débil sostiene que vemos este universo con estas condiciones porque si fueran diferentes, no estaríamos aquí para observarlas, o al menos no de esta manera en la que hoy estamos hechos.

  • El principio antrópico fuerte, en cambio, propone que el universo debe tener las condiciones necesarias para que la vida consciente aparezca en algún momento.

En cualquier caso, ambas versiones llevan a una misma sensación: que el simple hecho de estar aquí puede no ser tan simple.

¿Estamos realmente solos… o simplemente mirando desde un punto ciego cósmico?

 

Principio de mediocridad


En contraste con la visión antrópica, que sostiene que la Tierra ocupa un lugar especial en el universo, existen argumentos que apuntan en dirección opuesta. A lo largo de la historia, la ciencia ha ido desplazando progresivamente a nuestro planeta del centro de todo.

Copérnico y la descentralización de la cosmovisión

Nicolás Copérnico fue el primero en desafiarnos: propuso que el Sol, y no la Tierra, era el centro del sistema solar. Luego, el astrónomo Robert Julius Trumpler demostró que ni siquiera el Sol ocupaba una posición privilegiada en nuestra galaxia. Apenas es una estrella más, ubicada en un rincón cualquiera de la Vía Láctea.

El principio de mediocridad

Más recientemente, el físico John Richard Gott formuló el principio de mediocridad. Este sugiere que no ocupamos un lugar especial ni en el tiempo ni en el espacio. Curiosamente, Gott logró predecir con notable precisión la caída del Muro de Berlín, aplicando este principio y asumiendo su posición como un observador no privilegiado.

Tapa del libro Historia del tiempo de Stephen Hawking
En su libro “Historia del tiempo”, Stephen Hawking se enfrentaba al Principio Antrópico al hablar del origen y la formación del Universo: “vemos el universo en la forma que es porque nosotros existimos”.

Actualmente, se han descubierto más de 4.000 exoplanetas en nuestra vecindad galáctica, y todos con métodos de detección limitados. Si la tecnología mejora, es muy probable que encontremos miles más. Con esta evidencia, la idea de que la Tierra es solo una más entre muchas, cobra fuerza. Según estimaciones como las que inspiraron la famosa Paradoja de Fermi, deberían existir numerosos planetas con condiciones similares a las nuestras.

 

Entonces, ¿Por qué no los vemos?

El mayor obstáculo es la distancia. Para ilustrarlo, pensemos en la primera transmisión televisiva de gran alcance que salió de la Tierra: fue en 1936, durante los Juegos Olímpicos de Berlín, y mostró un discurso del líder nacional nacionalista. Una extraña y desafortunada carta de presentación para cualquier civilización que pudiera estar escuchando. Esa señal viaja a la velocidad de la luz y hoy está a unos 88 años luz de distancia.

Si una civilización situada a 50 años luz la hubiese detectado en 1986, y hubiera decidido responder al año siguiente, recibiríamos su mensaje recién en 2037. La comunicación interestelar no solo es limitada: puede resultar desesperantemente lenta.

Ilustración ficticia que no desearíamos que fuera nuestra carta de presentación a posibles civilizaciones vecinas.
Si existiese alguna civilización inteligente a unos 100 años luz de radio de nuestro sistema solar, nuestra carta de presentación sería el líder de la Alemania conquistadora y su discurso en las Olimpíadas de Berlín en 1936. Por suerte no fue lo único que se emitió al espacio. Imagen generada mediante IA

A esto se suma otro dilema. Si existen civilizaciones avanzadas, podrían haber aprendido a ocultar sus comunicaciones, para protegerse de amenazas potenciales. También es posible que nos hayan descartado como una forma de vida inteligente. Después de todo, si nos observan desde más de 100 años luz, solo verán una Tierra sin señales tecnológicas, sin satélites, sin emisiones. Un mundo aún silencioso.

Y si miramos más allá —miles o incluso millones de años luz— el silencio no debería sorprendernos: la vastedad del universo es, literalmente, abrumadora.

 

¿Y si clasificamos a las civilizaciones del universo de alguna manera?


Nikolái Kardashev, astrofísico ruso, propuso en 1964 una escala que lleva su nombre para clasificar civilizaciones según su grado de desarrollo tecnológico, basado en la cantidad de energía que son capaces de utilizar. Esta clasificación, conocida como la Escala de Kardashev, distingue tres niveles principales:

  • Tipo I: Civilizaciones que logran aprovechar el 100% de la energía disponible en su planeta de origen. Esto incluiría, por ejemplo, el dominio de la fusión nuclear o incluso el uso eficiente de la antimateria.

  • Tipo II: Civilizaciones capaces de controlar toda la energía de su sistema estelar, incluso mediante megaestructuras como la hipotética Esfera de Dyson, diseñada para rodear y capturar la energía de una estrella.

  • Tipo III: Civilizaciones que dominan el consumo energético de toda su galaxia, expandiéndose entre sistemas estelares y aplicando la tecnología del Tipo II a escala galáctica.

Ilustración de cómo podría verse una esfera de Dyson
Las esferas de Dyson son estructuras hipotéticas pensadas por el físico Freeman Dyson. Se construirían alrededor de una estrella para aprovechar al máximo su emisión energética. Si pudiera aprovecharse el potencial de una estrella, la civilización que lo lograra dispondría de un descomunal potencial para desarrollarse. Imagen generada mediante IA

La humanidad aún no ha superado la barrera

Actualmente, la humanidad se encuentra por debajo del Tipo I, con un valor estimado de aproximadamente 0.73, según cálculos del físico Carl Sagan. Algunos científicos y divulgadores han sugerido niveles aún más avanzados. El Tipo IV (dominio intergaláctico) y Tipo V (más allá de lo imaginable), aunque estos no forman parte de la escala original de Kardashev, sino que son mas una extensión que se acopla a la misma.

Kardashev pensó esta escala con el propósito de servir como referencia para que, en caso de que alguna vez detectemos una civilización alienígena avanzada, sepamos a qué enfrentarnos. Sin embargo, aún no se ha encontrado evidencia sólida, más allá de imágenes o videos de baja calidad que no constituyen prueba suficiente. Por eso la Paradoja de Fermi sigue vigente: si el universo es tan vasto y antiguo, ¿Dónde están todos?.

 

Si estamos tan lejos… ¿Qué son esas imágenes y videos de avistamiento OVNI’s?


La búsqueda de vida extraterrestre y la paradoja de Fermi siguen siendo un punto de encuentro entre ciencia y filosofía. Por esto mismo, voy a permitirme compartir mi forma de ver la realidad en este sentido. Podés estar de acuerdo o no en este apartado, pero esto es lo que pienso al respecto.

Desde mi perspectiva, existen muchos “anteojos” para ver la realidad. La religión, el esoterismo, el terraplanismo, los supuestos secretos del Área 51, las teorías conspiranoicas que niegan el alunizaje de 1969, y gran parte de la llamada ufología (la búsqueda de vida extraterrestre mediante avistamientos de OVNIs) son algunos de los ejemplos de esos “anteojos”. Tienen un elemento en común: son intentos de algunos seres humanos por explicar lo que aún no comprenden. Cuando el conocimiento, los sentidos o el razonamiento no alcanzan para darle sentido a diferentes eventos vividos, muchas veces acudimos a explicaciones alternativas que terminan adquiriendo forma de creencia, superstición o mito.

A través del método científico

Mis “anteojos” son a través de la ciencia y del método científico. Por ello, creo firmemente que la mayoría de los avistamientos de OVNIs tienen explicaciones lógicas y terrenales. He visto ejemplos donde se confunden objetos como bolsas de plástico, insectos, aves, cometas, aviones, la Estación Espacial Internacional o los satélites de Starlink con naves extraterrestres. El fenómeno de la pareidolia, en el que el cerebro tiende a interpretar formas conocidas en estímulos ambiguos y las experiencias vividas por los diferentes individuos, juega un rol fundamental en estas percepciones.

Para colmo, también existe un circuito comercial que alimenta estos relatos (véase el cerro Uritorco por ejemplo, en Córdoba, Argentina) y del cual muchas personas se benefician. Estos aprovechan la credulidad de quienes tienden a creer en conspiraciones o en las limitaciones de la propia física para entender la dificultad a la que se enfrentaría cualquier civilización para llegar hasta la Tierra.

La ciencia no lo sabe todo

Dicho esto, nobleza obliga, también he de reconocer que la ciencia aún no tiene todas las respuestas. Un ejemplo fascinante de ello es la señal WOW!, detectada el 15 de agosto de 1977 por el radiotelescopio Big Ear. Esta señal, de 72 segundos de duración, provenía de la constelación de Sagitario y nunca volvió a repetirse. Su origen sigue siendo un misterio: podría tratarse de un fenómeno astronómico inusual o algo más. Sin embargo, no hay evidencia suficiente para afirmar que fue enviada por una civilización inteligente. Es, hasta el día de hoy, un recordatorio de lo mucho que desconocemos y lo desafiante que puede ser detectar señales.

 

 

Fotografía de la famosa señal WOW!
La señal WOW! aun hoy es un misterio porque se sabe de que dirección vino, pero en el camino hay cientos de miles de estrellas, nubes de polvo y gas, y no se puede determinar su origen exacto. En esta imagen vemos el resultado emitido por el radiotelescopio Big Ear en papel. Cuando Jerry R. Ehman descubrió la anomalía, la circuló y escribió WOW! señalando su exclamación por lo acontecido.

Hasta acá hemos llegado, amantes del universo

Hemos llegado al final de este post sobre la posibilidad de encontrar vida extraterrestre. En lo personal, creo que afirmar que estamos solos en el universo es completamente egocéntrico: el cosmos es inmenso, y las estadísticas no juegan a favor de la idea de un universo con tan poca vida comparado con su tamaño. Sin embargo, también pienso que por la misma inmensidad cosmológica, detectar y contactar vida inteligente será un desafío igualmente inmenso. Incluso si alguna vez logramos hacer contacto, no sabremos qué esperar de ese encuentro. ¿Serán civilizaciones curiosas, conquistadoras, amistosas, podremos entender su lenguaje o ellos el nuestro? ¿Y si no encontráramos a nadie… sería realmente algo malo? A veces me pregunto si no es más prudente que el universo guarde silencio.


Para despedirme, me voy con la frase que más me gusta sobre este tema:

“Existen dos posibilidades: o estamos solos en el universo o no. Ambas son igual de aterradoras.”

-Arthur C. Clarke

Espero que te haya gustado este recorrido tanto como a mí escribirlo. Nos vemos en el siguiente post de mi blog.

¡Gracias por leer y hasta la próxima!

 

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